Crónica

Las crónicas tienen ese dejo de deja vù de las vidas. Tomada la inspiración de García Márquez, imprimo estas letras. Sueño con ver publicados mis cuentos o escritos. Para más cuentos: http://historiademialma.blogspot.com

miércoles, diciembre 19, 2007

Adoro escribir en esta penumbra de verano, donde el sol demorá muchisimo tiempo en esconderse y me deleita cada minuto con una nueva tonalidad de su color. Sus rayos se van debilitando a medida que pasan los segundos y me dan ganas de darle una analogía con la muerte. Donde encuentras que la vida se va de a poco y que cada aliento débil es un rayo que se va apagando, hasta que la luna aparece en todo su esplendor y el desdichado afortunado es llevado por la Muerte.
Me gusta contemplar como poco a poco voy dejando de distinguir mis manos, pronto parecen contornos bien definidos y luego son manchones que se mueven a través de la oscura noche. Me gusta contemplar los espejos, hasta que me vence el miedo que le tengo a la noche de San Juan.
Me gusta contemplar el jardín, que poco a poco se va cerrando para el descanso y así mismo va dosminuyendo el ruido del exterior. Detesto el momento en que el hombre ha decidido encender una luz en medio de la calle para sumergirme en la estupida agonía. La penumbra me da poderes sobrenaturales, siento que a esta hora nacen todos los monstruos de la literatura, los inventados y los que queda por inventar. Cada personaje sale de sus libros y se reunen a comentar lo que fue de sus vidas. Cada autor muerto renace en su escritura y cada fragmento de tinta brilla intensamente.
Aún más, ha salido la primera estrella de la noche. Esa estrella del primer deseo, aquella que es llamada la Venus del cielo, no es más que un puntito de los miles que ahora van apareciendo, e intento ir contando, pero por cada puntito que cuento, aparecen diez más. Y el cielo se multiplica de resplandores de colores que alimentan la noche.
El cielo, poco a poco va perdiendo su azul intenso de mediodía, los tonos blancos de las nubes se van perdiendo, hasta reaparecer en la oscuridad de la noche. Cada segundo que pasa, el negro se apodera de este manto que nos recubre y nos alimenta. El negro azabache de esta noche indómita nos invita a descansar, tributo que no se le ha negado a nadie, nunca. Pues por muy pocas que sean las horas, se duerme. El pensamiento es dirigido a través de los astros para clarificarse.
Ahora ya mis ojos se encandilan con la pantalla, es insoportable ver como me ha sido arrebatado el crepusculo, horario donde mi imaginación se afina y mis sentidos se agudizan. Pero tan pocos instantes son efímeros recuerdos. Pero debo conformarme con esto, si fuera más extenso, sé que no le tendría el mismo aprecio.

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