El mal de toda persona es sufrir. Sufre el recien nacido, porque lo han despojado de su nido, sufre el que pierde a alguien, sufre el que han dejado botado, sufre el que rompe, sufre el que causa sufrimiento y sufren los que han sido llevados a el. Y nadie está excento de ese sentimiento, porque va más allá de que uno quiera tenerlo. Viene solo, no se invita ni se convoca, sólo aparece como una araña, que agurdaba el mejor momento de atrapar su presa, forma una fina telaraña sobre su alimento y cuando ya esta todo listo pone sus frias y ásperas patas sobre esta y lentamente la devora.
Algunos consiguen salir de esa trampa que a simple vista es mortal y aunque todos saben que un poco de agua podrá desarmarla, todos se enredan, es demasiado extensa o muy pequeña.
La forma más fácil de conseguir sufrimiento, es un amor no correspondido. Lo sé por experiencia propia...no de ahora último, sino de muchos años para atrás y eso que me considero jóven, aún. También he aprendido de los demás. Sucede que esa fase es apremiante, es como un tigre que tiene sus patas sobre tu pecho, crees que todavía tienes posibilidades de deshacerte del tigre, pero no te das cuenta de que ya tiene sus fauces dispuestas a devorar tu cabeza.
Cuando ya te das cuenta, es demasiado tarde, el tigre no ha dejado un resquicio de ti en la tierra. Así, poco a poco te llega el sufrimiento de que esa persona no te quería como tu a el/ella. Pero ese es el menor sufrimiento, hay otros más grandes, otros más abultadores, otros que sólo hacen bulla, pero no significan nada. Otros apenas alcanzan la definición de sufrimiento y otros sólo hacen una cosa: de un zarpaso, matan. Cada forma de ver el sufrimiento, depende de la persona. Los que dicen ser fuertes, a veces caen primero. Y los débiles pueden ser los más fuertes.
Una ruptura puede ser un silencio agobiante, unas ganas de recordar facinantes, pero te dices que debes olvidar...¿olvidar? Es que el olvido es tan ambiguo, a veces olvidas todo lo malo...otras todo lo bueno...¿No es mejor, acaso, aprender? Aprender a querer por la sencilla razón de que esa persona ha pasado por tu vida. Aprender que la vida sólo es un camino con dificultades, dónde el sufrimiento es una piedra que puedes patear por los siglos o un gran obstáculo que sortearás una vez.
El peor sufrimiento es perder a un hijo. Sangre de tu sangre, sobretodo para una madre, quien tuvo a aquella personita en su vientre durante 9 meses aproximados. Tu enlace a la juventud, aquella personita que es parte de ti...perder eso debe ser horrible...yo no podría volver a sonreir.
Generalmente asociamos el sufrimiento con las pérdidas. El bebé llora al perder su nido, el niño llora al perder su pelota, la joven llora al perder el novio, el adulto llora al perder el empleo, la madre llora al perder a su hijo y el anciano llora al perder la vida. Pero ¿Qué pasa cuando ganamos algo? En ese momento no lloramos, sin embargo...¿Lo pudo haber perdido otra persona?
Es simple sufrir y dejarse abatir por este sentimiento roedora de almas. Pero no siempre lo simple es lo correcto. Puedes sufrir, siempre que quieras, pero cuando te des cuenta de que ya no vale la pena seguir en ese estado, alza la vista y desaste de esa estúpida telaraña, no sirve de nada aferrarse a recuerdos pasados, si puedes vivir mirando el futuro y soñando con algo.
domingo, diciembre 16, 2007
cantaste junto a Fran Siendo las 10:34 p.m.
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