¿Qué hacer cuando las hojas se pudren en el árbol? Dios sabe cuanto han caminado los infortunados hijos de Eva. Que suspiran y gimen en este valle de lágrimas. De a poco el subertugio de esperanzas atisbadas por pedir perdón se va desvaneciendo así como llegaron. Espera....nza....no. Búsqueda íntegra de una corriente ilegible. Pedazos de zapatos esparcidos como cual dirigente de la primavera...de Praga.
Cual concedor de esplendores pasados, muertos por sobredosis. Muertos, muerte. No. Juzgando a personajes que nunca conocimos, que nadie conoció, ni aquel que dijera fuere su madre. Porque las etapas diluyen el sentido agudo de la inexistencia perfecta. Y la circularidad de la emoción palpita entre las piernas del inacabado costumbrismo Europeo.
Y de entre las amazónicas hojas de banana asiática nace el aborigen, el hombre entre hombres que no sabe quien es. Porque ha nacido bajo la sociedad de costumbres antisistemicas de sistemas que creen que lo son y no existen. Porque bajo el fuego de Neanderthals buscaban frio y sin sentirlo se esfumaron en los mensajes de los pieles rojas. Y entre la carta de nacionalización y la gracia de la ius solis, el habeas corpus del silencio ministerial se pierde bajo las piedras del nacimiento de la escritura. Y personajes destacados del pecado original pierden consistencia ante el ruido apoteósico de tu andar. Me buscas, no te encontraré. De mi, no, tal vez, creo, no sé siempre.
Así estoy: confundida.
Cual concedor de esplendores pasados, muertos por sobredosis. Muertos, muerte. No. Juzgando a personajes que nunca conocimos, que nadie conoció, ni aquel que dijera fuere su madre. Porque las etapas diluyen el sentido agudo de la inexistencia perfecta. Y la circularidad de la emoción palpita entre las piernas del inacabado costumbrismo Europeo.
Y de entre las amazónicas hojas de banana asiática nace el aborigen, el hombre entre hombres que no sabe quien es. Porque ha nacido bajo la sociedad de costumbres antisistemicas de sistemas que creen que lo son y no existen. Porque bajo el fuego de Neanderthals buscaban frio y sin sentirlo se esfumaron en los mensajes de los pieles rojas. Y entre la carta de nacionalización y la gracia de la ius solis, el habeas corpus del silencio ministerial se pierde bajo las piedras del nacimiento de la escritura. Y personajes destacados del pecado original pierden consistencia ante el ruido apoteósico de tu andar. Me buscas, no te encontraré. De mi, no, tal vez, creo, no sé siempre.
Así estoy: confundida.

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