Crónica

Las crónicas tienen ese dejo de deja vù de las vidas. Tomada la inspiración de García Márquez, imprimo estas letras. Sueño con ver publicados mis cuentos o escritos. Para más cuentos: http://historiademialma.blogspot.com

Algo navideño, que no le escribi el final.

jueves, diciembre 25, 2008

"Es navidad...", le dijo la pequeña Sofía a su madre; "Qué hay de cenar?". Con un ojo morado, la madre le contestó que había pollo al horno con papas y tomate. La madre de Sofía había sufrido el día anterior una agresión por parte de su marido, que no era el padre de Sofía. Al ver que su madre era agredida, ella había tomado el cuchillo de la cocina y lo mató. Hace tiempo que su madre sufría en silencio y Sofía a su corta edad ya se había convertido en asesina. Contaba 10 años a la fecha y su concepción de la muerte era bien acabada.
La policía cuando llegó, encontró a la madre inconciente y a la niña aún con el cuchillo en la mano, sin expresión en la cara. Les permitieron pasar navidad allí en su casa. Pero al día siguiente, serían separadas; menudo regalo de navidad.
Sofía ya lo había planeado de antemano, quería deshacerse de ese hombre que más penas les había hecho pasar. No entendía como su madre lo soportaba, pero ese mismo día se enteró: ese hombre era dueño de una multinacional y la única heredera de todo, era su madre. De ahí venían las investigaciones que se hacían tan a cabalidad en el lugar y porque a la niña le habían tomados todas las huellas dactilares y más.
La madre no estaba triste, pues sabía que se beneficiaba, pero los oficiales no entendían la pobreza en la que vivían, si ese hombre tenía tanto dinero.

Un poco de nada.

domingo, diciembre 21, 2008

"El principio de abstracción en la bioquimica difiere mucho del psicoanálisis de Freud, el concepto Freudiano que estudiaron con la señorita Mercedes tiene amplias bases en nuestro objeto de estudio, principalmente..."
La clase de biopsicología quimica le aburría muchisimo, es por eso que en cada clase de él se abstraía profundamente y así es como había aprendido muchas de las cosas que el profesor jamás fue capáz de enseñarle, basta decir que los profesores de las universidades son poco pedagogos, lo cual hace que el alumno se pierda, vague y el día del examen, los que volaban junto a las moscas lo paguen. Eso es lo que intentaron hacer los profesores con él, cada examen las preguntas más dificiles y así como Alejandro sabía que los profesores serían así, con más ansias estudiaba y aprendía. Tal fue su motivación en el sentido de la abstracción, una vez escuchada la pregunta, tan sólo sus labios se movian al compáz de sus lecturas cerebrales. De una u otra forma, era capaz de leer las mentes de los facultativos, pues sus ojos, sus manos, el tono de sus pieles eran pronfudos libros con instrucciones más que claras para darles lo que pedían.
Alejandro salió de la universidad con las más altas calificaciones vistas en años. De allí se trasladó a una multinacional, cateando a los posibles trabajadores, es así como la empresa subió su categoría y comenzó a controlar grandes sumas de dinero, con las que los socios jamás habrían pensado en tener. Alejandro fue llamado ante el boss, quien le ofreció una vacante en la sociedad, pero él le rechazó, ya lo habían llamado de la inteligencia civil inglesa, quizás un puesto como el de James Bond. Pero nada de eso fue lo que encontró, tan sólo aburrida burocracia de oficina, hasta que a su jefe se lo llevaron. Y fueron los rusos, dijo Mirta, cuando se dio cuenta de la ausencia, sin ningun manifiesto de preocupación, ante los ojos de cualquiera, pero un profesional en leer mentes como Alejandro no podía ser engañado por esa falsa voz, que le avisaba que tendría que tomar cartas en el asunto. Su vida también corría peligro, como sabría varias horas más tarde. No es de menos saber que paso el resto de la semana leyendo mentes, llegando a los más altos cargos de cada gobierno mundial, pero nada pudo consegui, más que rescatar su propia humanidad, que ahora que se había dado a la fuga a través de una cápsula interespacial, sabía sería perseguido por constelaciones.
Un poco de ciencia ficción no me vendría mal, lástima que nunca he escrito nada de este tema, por eso dejo el cuento hasta ahí, a ver si alguien se anima a escribir más.

El ilusionista.

martes, diciembre 16, 2008

¿Qué puede hacer el ilusionista en este caso? Reconociendo que en el fondo jamás ha dejado de ser un cretino embaucador, pues nada de lo que hace es de verdad, no es que no fuera real, como lo que hacen los verdaderos ilusionistas, sino que él se aprovecha de la ingenuidad de la gente, para sacarles dinero a través de sus ilusiones.
Lo peor es que la nobleza lo aplaude y defiende ante todos, haciendo caso omiso de lo que la burguesía hace meses se ha dado cuenta. Luis XVI se divierte tanto como la nobleza con este falso ilusionistas, se da cuenta, presta atención a lo que las clases le dicen, pero no hace nada, porque le faltan pantalones. Jamás a dejado de ser un delfín y Antoinette se dedica a sus zapatos, su hermosa colección, sin saber que terminarán siendo usados por el bajo pueblo, que Robespierre tomará sus hermosos vestidos y con ellos hará sayas para sus sirvientes. Y siguen subiendo los impuestos, porque el ilusionista les hace creer que así deben hacerlo, la nobleza y el rey no se dan cuenta que son movidos por unos finos hilos de oro comerciales, donde sólo bastaría que la burguesía de un paso al frente y se lleve consigo todo lo que desde hace años viene pidiendo y deseando.
Así es como van apareciendo, por el lado de Marsella un pobre italiano llega creído comandante, una muchacha, hija de un comerciante de sedas, conoce a Joseph Buonapart, hace los vínculos que pretende y marca el cambio de la historia, pues ella está pretendida por los dioses para ser reina, pero no se aquel lugar, sino del norte, donde el sol sale sólo para alumbrar. Y el ilusionista ve todo esto con los ojos rasgados, pues sabe que la revolución ya comezó y es su culpa, pero pronto cambia el oficio, cambia las capas por espadas, las ilusiones por triunfos y se cambia el nombre. Sale al frente, gana. Sale. Y si. Lo guillotinan, sus ojos lo delatan.

Luis, Dominique

martes, diciembre 09, 2008

Todos estaban fijos y atentos a la pelea que sucedía fija arriba del escenario. Tal como una shakspeariana obra, un pesado sufijo del final premeditado cernía sobre las cabezas de los oyentes. El silencio de pronto reinó en el escenario, hasta que un murmullo naciente en la galería dio cuenta al público presente de la muerte del protagonista. La obra había cambiado de rumbo y la predestinación de Calvino nunca volería a resusitar en la vida de aquellos pobres videntes. El mundo habría de cambiar luego de aquella obra.
Luis salio anonadado del palco, su padre le había comprado aquella entrada, justo al lado de Dominique, la princesa de Austenburgo. A pesar de que los ducados y principados ya estaban pasando de irremediable moda, la fama monetaria de aquella dinastía seducía de una manera incalculada al padre de Luis, pobres vendedores de seda en la lejana ciudad de...bueno, creo que ya recordaré que lugar era este.
Luis le prestó su mejor pañuelo de seda, bordado con sus iniciales a la princesa, quien entre suspiros y sollozos jamás habría de devolverselo, hasta que 5 año más tarde se casaran en una pomposa boda que duro tan sólo una noche, pues ella murió en el derrame de la desposada. Signo de gran alcurnia, aunque todos la lloraron, la madre se bendecía por tener una hija tan inmaculada. Lo que el mundo nunca supo es que ella se hizo un profundo tajo en ambas muñecas, pues su verdado amado era un burgués afrancesado, que arrancó de las manos de Robespierre por los pelos. Usaba la cinta negra al cuello, lo que en la actualidad era moda en Francia, pero allí, era para ser considerado hijo de la basofia, digno de todos los vituperios que el mundo pueda concebir en las vastas lenguas esparcidas por la orbe.
Volviendo a aquella noche, al momento de encederse las luces él contempló la respingada nariz de la floreciente doncella, quien en ese entonces contaba sus recien cumplidos 14 años. Sus senos eran unos pequeños limones que ella procuraba aumentar -a disgusto de su hermana-, con pañuelos comprados en la casa anterella que no proveían a la casa real. Luis se fijo en aquel detalle y una sonrisa se escapó a través de la comisura de sus labios. Dominique lo miro displicentemente, aunque sus ojos percatarón el realce de la sonrisa del joven, que no le pareció nada mal. Un poco más tarde, habría de decidir que se casaría con él, pues las barajas le había anunciado un joven del teatro y puesto que no conocía más actores que el pretencioso bufón de la corte, se imagino que era él. Y tan correspondido se sintió Luis, que comenzó su etapa de cautivarla. Primero consiguió el nombre de un criado que manejada los caballos, quien deslizaba bolsitas de tafetán amarillo con caramelos de anís en el coche de la dulce doncella. Luego tuvo acceso a la nodriza de la damicela, quien compadecida por el sufrimiento de amor del joven, accedió a hacerle llegar las notas de amor, que insistía en leer, aunque no supiera ni hilar su nombre. Luis le inventaba al vuelo un rosetón de floristería, siendo que sus versos contenían hasta el dulce sacrificio de un amante virgen.
Dominique fue seducida hasta el punto de darle un lugar de encuentro, sin embargo, fijada la fecha y hora, ella perdio el paso y callo desmayada en el pórtigo del francés, quien la tomó en brazos y le dio leche tibia con un paño, tal como a los recien nacidos sin madre. Ella poco a poco recobró el conocimiento y sus ojos engañados la fueron enamorando. Su vida trastornada, quizás loca, cambio de rumbo. Y Luis, pobre Luis, ahora dueño del palacete más grande de aquel nórdico país y si se casa con la hermana, dios nos ampare, rey.