Crónica

Las crónicas tienen ese dejo de deja vù de las vidas. Tomada la inspiración de García Márquez, imprimo estas letras. Sueño con ver publicados mis cuentos o escritos. Para más cuentos: http://historiademialma.blogspot.com

Mitología.

martes, enero 27, 2009

Dicen que a esta edad ya no se puede salir de la locura. Lo cierto, es que no soy capaz ni de salir al umbral de mi casa. El silencio o los ruidos desatan mi miedo. No comprendo la simplicidad con que mis vecinos se toman la vida, unos sacan el auto sin siquiera tener que empujar un portoncito de metal, como el que cubre mi casa por todo su perímetro; viajan horas para hacer quizás qué, pues cuando todos dicen que trabajan, el cielo se cubre de nubes plomizas y a veces caen unas gotas que endulzan el aire y sacian la resequedad de la tierra. Por el contrario, cuando los niños salen de la escuela y las "vacaciones" llegan, sale el sol radiante, acompañando las risas y nados. Cierto es que nadie obedece al tiempo, sino que pareciera que éste obedece a nosotros.
En otros tiempos, cuando yo si salía de casa, el clima no era igual, pues por momentos y en pleno julio necesitabamos de las cosechas, el cielo veía a dos morir de hambre y nos entregaba a nuestra saciedad. Y en tiempo de los mayores pecados de las tribus del este, el inclemente cielo nos azotó literalmente con su látigo de sequía; nosotros no lo entendíamos.
Ahora veo que el tema del invierno es un asunto delicado entre las autoridades: influenza infantil, respiración mecanizada para los más viejos, vacunas, enfermedades, contaminación, restricciones de autos y todo, absolutamente todo lo más malo ocurre en la capital. Si, yo sé porque es, la inmundicia en el pecado que viven los capitalinos, creyéndose de la metrópolis, urbanizados por fuera, mierda por dentro hacen que mi estadia en el mundo quisiese que deje de ser eterna. Remontarme al espacio en que el cielo siempre nos deleitaba con sus frutos sin estación, que las naranjas eran jugosas en enero y el tomate no tenía precio, pues crecía como maleza entre los árboles más viejos. Tiempos en los cuales no era necesario matar esos animales inventados por los hombres de ésta época, pues cuando yo era joven (y la tierra también), no existían, fui viendo como los creaban, aumentaban, cocinaban y devoraban con un apetito que hacían que mis ojos se fueran empañando.
Cada uno buscaba su subsistencia sin pensar en las consecuencias de lo que hacían, la vecina, si era más linda, que más da, que deje de ser vecina, para ser concubina. Relaciones poligámicas sin precedentes, comunidades que intentaban rogar por un cambio, algunos Dioses como yo buscaban hacer algo, pero todo cambió cuando Gea se invitó a tomar el té a mi casa. Hacía varios años que no tenía visita tan ilustre:
-¿Por qué te has encerrado? No haces nada por intentar cambiar este mundo de locos.
Mi respuesta no fue la más sabia, pero si la que calmó los animos del Olimpo entero. -Porque los hombres creen todos que son Dioses y que viven a dos pasos del panteón. Ya nadie, ni nada los detendrá, exceptuando la propia desintegración de su raza. Cuando eso suceda, nosotros podremos ir a nuestras anchas nuevamente.
Gea se marcho después de haber probado mi kuchen de frambuesas y arándanos. Tomó tres tazas de té de alelí y charlamos sobre los buenos tiempos.
Ahora espero sentada que llegue el tiempo en que el kuchen lo pueda fabricar sobre una explanada de tierra y todos los Dioses lo podamos deleitar.

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