Mayo, Junio, casi todo Julio. Meses invernales, helados, nevosos, lluviosos. Bufandas, guantes, narices heladas, manos tiritantes. Labios azules, partidos las más. Pero el cerebro, casi dormido, sus luces se encienden con el crepitar de una hoguera tan escasa en tiempos de contaminación ambiental. Pero es el frio, la lluvia, el hielo, el que mengua la posesión de la escritura. La musa, escualidad muchachita de verano perece con el frio, dando paso a una nueva en primavera. No sólo los árboles florecen. Las tiernas polleras de muselina lila, las medias remendadas, los zapatos tachuelados serán pan en estos días, para dar a la primavera husos de hilos nuevos, dorados, verdes, anaranjados, ricos vestidos de brocado.
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