El humo del cigarrillo le salió abruptamente tras la noticia. Estuvo tosiendo todo ese día, toda esa semana, todo ese mes y tosió durante los nueve meses que duró el embarazo de su hija. Sólo al momento del parto se digno a creer que lo que sus ojos veían era cierto y no un tonto juego de almohadas en el estómago, como hacía siempre su hija cuando lo que quería molestar. Sólo cuando el niño pataleó, chilló y se orinó en sus brazos, se dió cuenta que era un ser de carne y hueso. Que también era fruto de él, pues era su abuelo.
Las historias familiares se repiten - pensaba para sí - Igual que su madre, nos casamos con cuatro meses de anticipación, pero no fuimos la deshonra en la familia, en aquel tiempo, era bien visto que la mujer se casara y tuviera hijos, claro que al momento del matrimonio nadie se puso a sacar cuentas hacía atrás de cuantos meses habían pasado. Y nosotros nos hicimos los tontos. Pero ella, mi niñita, no quizo saber del tipo que le hizo el niñito, ella tiene que apechugar sola, nos dice.
En efecto, el muchacho se hizo humo apenas se enteró de la noticia y ella se debatió una semana entera entre abortar o quedarse con el bebé. Decidió lo último, pues pensaba que sólo Dios sabe porque hace las cosas. Y en este caso, cree que hizo lo correcto.
Fue así, pues al cabo de veinticinco años más tarde de este nacimiento, este hijo ya había sacado la profesión de arquitecto y se iba a París a hacer un doctorado....
¿Alguien le quiere dar el final a esta historia?

1 Canto (s):
No quiero, pero gracias. Dudo que a alguien se le ocurriera algo que te satisfaciera lo suficiente como para terminar una historia tuya.
En fin, mujer, ¿pa' cuándo mi carta? Nunca llegará y yo me arrepentiré de haberle dado mi dirección.
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