Tus sueños, una letanía jadeante entre los vertebrado árboles del ocaso. Siempre inesperado suspiro que exhalas en un aleteo etéreo. Y cada dedo de tus pies, un rubí incandesente como los rayos del alba. Cada una de tus manos, estrellas fugaces que se pierden en el infinito a cada movimiento. Tu nariz, perfecta flor de petalos rosados en capullo. Tus mejillas sonrosadas al tintinear de las campanas de las hadas. Tus piernas dos ninfas que danzan al son de Baco. Tu torso semidesnudo un roble nacido en la primera primavera del mundo. Tu pecho desnudo sobresale como las amapolas soñadoras. Tu cuello blanco tal manto de Atenea. Tus brazos angelicales suaves como la seda, pero fuertes como los Andes. Tus labios un terremoto en mi corazón cuando los veo separarse, un pétalo de rosa cuando los veo acercarse, un rayo cuando rosan mis labios y la muerte cuando me los quitas. Tus ojos dos esmeraldas que al posarse sobre mi me hacen estremeser, que al desviarlos de mi, me hacen temer y que al cerrarse acaban todo lo hermoso conocido. Tu pelo, manto negro como la noche sin luna.
Te he descrito a exactitud como te ven mis ojos, te he amado como lo dicta mi corazón, pero nadie será capaz de abarcarte, pues eres eterno e incesante, rápido y distante. Creciente, esperanzado, sagaz, furioso, amado, orgulloso, humilde, egoísta y fraterno, pero libre, libre como lo son las aves del cielo que no escapan del invierno, libre como los sueños de los niños, libre como las estrellas errantes del firmamento, libre como suspiro, libre como el agua a través del torrente de un río. Libre eres en la soledad de tu alma, libre serás para siempre y yo, aqui. Siempre amarrada a tu libertad.
