Imaginemos que estoy dormida profundamente. Que a través de mis ojos cerrados se aprecia el movimiento rápido y lento de mis pupilas.
Imaginemos que hay una luz tenue, que sólo permite distinguir mi silueta en la cama.
Imaginemos que hay un silencio nocturno, sólo atravesado por el suave ronroneo de los grillos.
Imaginemos que la calma se aprecia en el latido que a veces sentimos retumba en la habitación.
Observemos con calma, sin apresurar la mirada, que los ojos se acostumbren a la penumbra, los oídos se deleiten con el frugal ruido, que las manos dejen de moverse nerviosamente, para caer juntas sobre el regazo.
Entendamos el sueño como el máximo estado de inconsciencia viva, observemos atentamente el arte de dormir, con su respiración acompasadamente lenta, casi imperceptible si no se mira con atención.
Veamos sus movimientos dormidos, su calma, la paz reflejada en sus ojos, como la máxima expresión de dulzura, niñez, calma, silencio, esperanza.
Veamos el sueño como la expresión de la catarsis diaria, como la expresión del soñador que sueña que está soñando.
Soñemos como el Soñador.

1 Canto (s):
mmmmmmm duerme.... me gustan otros pero = es bueno
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