Crónica

Las crónicas tienen ese dejo de deja vù de las vidas. Tomada la inspiración de García Márquez, imprimo estas letras. Sueño con ver publicados mis cuentos o escritos. Para más cuentos: http://historiademialma.blogspot.com

Diálogo.

miércoles, junio 30, 2010

-Esta fría el alba, hermosa, acércate  un poco más a mi-.
-Hermosa, estás fría, tus pies hielan, acércate más-
-¿Hermosa? ¿Por qué no me respondes?-

-¿Hola? Una ambulancia, por favor, es urgente, ¡se está desangrando!-

-Hermosa, estoy a tu lado, resiste por favor, eres lo único que tengo, mi razón de seguir viviendo-

-¿Qué ha pasado doctor?-
-¿Una hemorragia, dice? Pero, ¿por qué?-
-¿Una espina, dice? ¿En el índice? ¡Pero si yo no le he regalado rosas!-


-No mamá, no despierta todavía, llevo más de 14 horas velando su sueño. Si, si lograron parar la hemorragia. No, no sé porque fue provocada. Si, cuando despierte la llevaré a casa. No te preocupes, no es necesario que vengas. Si, me cuidaré. Está bien, te quiero má, chau-

-¿Rosas Húngaras? Voy a averiguar donde las venden, no puedo quedarme con esta duda-

-¿Tiene rosas? Busco unas especiales, me dijeron que de Hungría las traen, ¿tiene? ¿Si? ¿Cuanto sale la docena? ¿Las vende mucho? ¿El miércoles me dice usted? ¿Me daría la tarjeta de él? Creemos que atacó a alguien y es la única pista que tenemos-
-Gracias-

-¿Hola? Si bien, ¿hablo con Oscar?-
-Te llamo, porque tu enviaste unas rosas a mi mujer-
-¿Qué no sabes quién es mi mujer? Es Aurora-
-¿Ya lo recuerdas? Eres un cobarde ¿Por qué lo hiciste?-
-¡¿No tienes más justificativo que ese?! ¡Te detesto infinitamente! ¡Estas a punto de ser un asesino! ¿No te das cuenta?-

-¿Cómo se encuentra, doctor?-
-¡Despertó!-

-¡Hermosa! ¿Estás bien? He estado muy preocupado por ti, te he cuidado todos los días, nadie sabía que te pasaba, ni porqué te pasó esto-
-Ya lo sé todo, estuve investigando. Dime la verdad, ¿me engañas?-
-Creeré lo que me digas-

-Te Amo-.

Parte I.

miércoles, junio 16, 2010

Me invitó a salir. O sea, no especificamente a mi, sino que un grupo de cuatro personas. Me miró a los ojos, aunque en ese momento sabemos que no había nada. Me dijo que nos juntaramos más tarde. Algo me impulsó a ir, algo me dijo que tenía que ir, que no podía perderme esa junta.
Me arreglé, quizás por vanidad más que por afán de conquistas de una sola noche. Llegué al lugar y no estaba, llegó al poco rato, conversamos, fuimos a comprar puchos, nos sentamos, él se sentó a mi lado y la conversación fluyo como un río presuroso se dirige al mar. No despegué mis ojos de él, le pedí su nombre, su teléfono.
Comenzamos a conversar repetidamente, hasta que no me aguanté más y le dije lo que sentía. Es imposible describir la cara de sorpresa que puso cuando supo, a tal punto que tuvo que tomarse unos segundos para asimilar lo que le había dicho. No era una tema para conversar a la ligera, me dijo, así que al día siguiente nos juntamos.
Nos juntamos en una esquina y caminamos hasta la un café. Me pedí un jugo de frambuesas que no me gustó, pero que por conversar con él, lo hice durar lo más posible. Habremos estado allí unas dos horas, conversando, su nerviosismo era patente, pero su fluidez, su dominio de hablar de lo que le gustaba, lo que me enseñó, sé que jamás podré olvidar. 
Nos fuimos, caminando, muy lejos, al igual que la conversación se iba por rumbos desconocidos, daba vueltas, nos conocíamos, nos mirábamos, estábamos nerviosos, inseguros. Seguimos caminando muchas cuadras más, las horas pasaban sin que yo quisiera que se fueran, no quería dejar de estar a su lado, no quería que el día acabara, como no quiero que el día acabe cuando estoy con él. Pero desde esa primera vez, siempre que estamos juntos, el día acaba inexorablemente rápido. 
Fuimos caminando hasta el paradero, nos teníamos que ir. Le pregunté si podía abrazarlo, me dijo que si. Pegue mis brazos a su cuerpo, en ese momento me dí cuenta de que no quería soltarlo nunca más. Me di cuenta, de que no lo voy a hacer.
Esperamos pacientemente, lo mire, me miró. En ese momento, supe sin un ápice de duda que no quería que se me escapara. El beso que me dio nunca lo había sentido. Sus labios suaves, relajados, seguros, intensos, me llevaron a la gloria. Yo quería que esos abrazos y esos besos fueran eternos.

¿Qué es Poesía?

viernes, junio 04, 2010

¿Qué pensabas? ¿Sería tan fácil? Imposible lamentarse ahora de los errores del pasado. Inconformista escuálido, creyente inocuo. Proyecto de persona, borrador de poesía.
Tus silencios jocosos, tus espasmos periódicos. Alejado de la hoja, la tinta deja manchas. Unas carmesí como la sangre, otras negras como los llantos. Unas más claras, otras más oscuras. Letras y puñaladas incesantes, sigilosas serpientes de vida marina. Y vuelas, aún más lejos de lo que crees, pero vuelas. Tu lo sabes, yo lo sabré, nunca dejaremos de vivir el uno en el otro. Me dices confiadamente.
A veces los dudo, otras no puede estar más claro. Las mismas palabras se van repitiendo a medida que pasa el tiempo, las rabietas por lo mismo, si hasta es posible adelantarse a lo que va a suceder. Pero esta vez no. Ya no soy la misma de antes, no ando con los juegos escondidos, ni con ganas de ellos. No quiero ser sutil, no quiero fingir, apresada entre las sedas de las mariposas. Surtidos de frases, oraciones verbales, creencias sin fe, dogmas adoctrinadas.
Tu lo entiendes mejor que nadie, que la rubia razón de tus sueños no existe, que la perfecta escritora que mueve rápidamente sus dedos por las teclas es un proyecto de tus sueños.
Básicamente lo sabes y me lo has dicho.
No has desaparecido, Marianela, sigues en la sangre hasta la siguiente dosis.

Generalidades.

En principio, un dolor agudo sientes que atraviesa tu corazón, como si por leves momentos se detuviera y la respiración te cuesta. Hasta a veces se hace entrecortada.
Incipiente nace, como frugal flor de otoño, se asoma vertiginosamente a través del precipicio, tiembla levemente antes de arrojarse. Cae lentamente, a veces se detiene, otras avanza más rápido y unas tras otras se abalanzan al vacío. Una a una se van empujando, para detenerse en los surcos de la risa, para avanzar y morir suavemente o precipitarse nuevamente al vacío. Estás últimas no vuelven.
Tu pecho en lentos o rápidos espasmos acompasados, guiando la frecuencia de las suicidas. Se agolpan por salir, una a una airosas, su lenta muerte es placentera, la rapidez con la que se las olvida es el único defecto. Húmedos sentimientos que vomitan. Carrera sin meta, de las locas sufridas, sólido argumento para seguirlas, no perderles de vista, no odiarlas, tampoco amarlas. Acompañarlas de un suave siseo cuando amanezcan. No reprimir su suicidio esporádico. Tres minutos promedio duran tirándose una a una a tus pies.
Julio Cortazar me enseñó a llorar. Sola aprendí a amarlo.