¿Qué pensabas? ¿Sería tan fácil? Imposible lamentarse ahora de los errores del pasado. Inconformista escuálido, creyente inocuo. Proyecto de persona, borrador de poesía.
Tus silencios jocosos, tus espasmos periódicos. Alejado de la hoja, la tinta deja manchas. Unas carmesí como la sangre, otras negras como los llantos. Unas más claras, otras más oscuras. Letras y puñaladas incesantes, sigilosas serpientes de vida marina. Y vuelas, aún más lejos de lo que crees, pero vuelas. Tu lo sabes, yo lo sabré, nunca dejaremos de vivir el uno en el otro. Me dices confiadamente.
A veces los dudo, otras no puede estar más claro. Las mismas palabras se van repitiendo a medida que pasa el tiempo, las rabietas por lo mismo, si hasta es posible adelantarse a lo que va a suceder. Pero esta vez no. Ya no soy la misma de antes, no ando con los juegos escondidos, ni con ganas de ellos. No quiero ser sutil, no quiero fingir, apresada entre las sedas de las mariposas. Surtidos de frases, oraciones verbales, creencias sin fe, dogmas adoctrinadas.
Tu lo entiendes mejor que nadie, que la rubia razón de tus sueños no existe, que la perfecta escritora que mueve rápidamente sus dedos por las teclas es un proyecto de tus sueños.
Básicamente lo sabes y me lo has dicho.
No has desaparecido, Marianela, sigues en la sangre hasta la siguiente dosis.

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