Esto es algo que escribí en octubre del año pasado, a nadie en especial. Lo acabo de encontrar y me pareció que debería publicarlo aquí.
El viento decide entre las
ventanas las hermosas pestañas que asoman en el marco de tu pupila preciosa. La
veta de vida entregada por la sonrisa enmarca mis sueños en esta primavera
diáfana. Susurran las mariposas posándose sobre los pétalos aterciopelados.
Me llamas temprano en la mañana,
buscando encontrar en nuestras voces un bálsamo para el comienzo del día que
haga llevadera la distancia. Pasan las horas y a cada segundo mi mente no deja
de pensar en ti. Mi mente no deja de querer sentir tus manos posándose sobre
las mías, queriendo sentir tus labios en los míos.
Te quiero, como las abejas al
polen. Como las abejas regresan al panal, regreso a ti buscando la compañía
dulce de tu voz.
Es cierto, no tengo nada más de
ti que esa voz susurrante que me describe los placeres de quererte y sueño con
darle forma corpórea a esa voz que inunda mi corazón y lo hace latir de
amor. Me haces palpitar la vida por
buscarte, por abandonar todo y salir a tu encuentro, que, siento por alguna
razón mezquina distancias de nosotros.
¿Qué hace tan difícil el estar
juntos? No es tanta la distancia, ni tan dificultoso el viaje. Sé que me has
pedido tiempo, pero necesito entender, ¡es difícil amar tan rápido y poner
frenos tan bruscos!
No oses preguntarme que se ama
cuando se ama. Si te amo en silencio, guardado en mi corazón, porque el miedo a
perderte es más grande.

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