El ángel de cara empolvada, estatua de veneno humano, creación nefasta de todo sentido de la humanidad. Ahí, en la acera del frente parado mirando a la gente o mirando nada. Espera un alma bondadosa que le permita mover sus articulaciones, ya fijas por el tiempo que han transcurrido en aquella posición.
Y lo he visto vestido de la misma forma muchos años de mi vida. Desde que tengo unos diez y no le han pasado los años. Quizá sea esa máscara de tiza blanca que no sólo lo hace parecer al ángel que representa, sino que lo cubre todo mundo exterior y deja su piel lozana como recién nacido.
Pero he sabido que no es su piel, ya la tiza es encarnación de él. Al llegar a su casa, lavar sus manos y cara, no puede dejar el envoltorio de ángel nefasto que hace de su vida la jerga de siempre.
Sabe que no es ángel, sabe que no es estatua, más su corazón ya aprendido a paralizarlo y su respiración a deshacerla. Sus pulmones han olvidado el suave masaje del aire y su corazón ha desarmado sus carreteras de reflejos, para ser una masa que ni alberga sentimientos.
Y el ángel destrona sus vestidos, usa pijama normal, pero su piel es blanca, aún en las partes que la tiza no ha tocado jamás, el ser estatua ya no es oficio, ni profesión, la piedra poco a poco lo va transformando en un ser de sumisión.
Se acuesta, posa su blanca frente en la blanca almohada y se pierde, no sólo entre las sábanas, sino que en los brazos de Morfeo, quien transporta a cada hombre a lugares de sueños inimaginables.
Y el ángel soñaba que de verdad tenía alas, porque su sueño de siempre era volar, ver al ser supremo y celestial que dirigía las cabezas de todos. Pero los años le cortaron esas alas y las tuvo que ir agregando a su nítido disfraz del día. Y ahora las alas eran su compañera de dormitorio, de comida y de siempre. Su pequeño departamento en corazón de esa ciudad con mentalidad de pueblo, estaba decorado con miles de figuras blancas, de yeso, representando el ángel que él pretendía ser.
Tampoco tenía amigos, demasiado ocupado imaginando que volaba, que tenía la gracia de Dios en sus alas. Ocupado puliendo el arte de ser estatua, de querer fundir su corazón y moldearlo en un trozo de mármol, frío, seco inexpresivo, descartando para siempre la capacidad de amar.

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Adore ese cuento!!Esta muy bueno!!debo escribir en estos días para mantenerme a tu altura...
Suerte en BA!! xD
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